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TRASTORNOS
DE LA PERSONALIDAD.
PERSPECTIVA ACTUAL
Hablar de personalidad, resulta no sólo un
tema de gran interés sino también
uno con grandes interrogantes por descubrir. A lo
largo de muchas décadas, aquellos involucrados
en el terreno de la salud mental han tratado de
dar respuesta a preguntas tan sencillas como, dónde
se traza la línea imaginaria entre una personalidad
sana o funcional y una personalidad enferma o disfuncional?
La personalidad es algo estable o se puede llegar
a modificar? De lograrse algún cambio, éstos
se logran con el paso del tiempo, con tratamientos
psicoterapéuticos, con medicamentos? Todas
estas interrogantes nacen con la simple definición
de cómo se define la personalidad. Todos
contamos con una personalidad, pero como diferenciar
cual es “sana” y aquella “enferma”.
Personalidad, es un término utilizado ampliamente
no solo por médicos y psiquiatras sino por
el común de la gente, cada uno utilizándolo
según la conveniencia de lo que quieren expresar.
En este sentido, la definición que cuenta
con la mayor aceptación es aquella que define
la personalidad como “un patrón persistente
de experiencias internas y de comportamiento que
dictan las respuestas de un individuo. Es decir,
la personalidad se encuentra constituida por dos
elementos esenciales, el temperamento y el carácter.
Estos dos componentes, son los principales responsables
de guiar la manera en la que uno responde ante cualquier
situación. Se considera el temperamento como
ese elemento heredado por los padres, un componente
biológico que dicta nuestras respuestas.
Por su parte, al carácter se le pueden atribuir
esos rasgos y comportamientos que surgen a partir
de nuestras experiencias más tempranas.
Una de las características del ser humano
es la de adaptarse a su medio, a una situación,
a una experiencia, etc. Nuestros rasgos de personalidad
y la facilidad con la que estos sean flexibles y
variables, serán lo que nos permitan contar
con personalidades adaptables. Por supuesto, algunas
personas tienen una mayor facilidad para realizar
estos ajustes que otras, nuevamente basándose
tanto en su carácter como en su temperamento,
más éste tipo de dinámicas
son con las que interactuamos día a día
en nuestro entorno.
Más difícil aun resulta hablar de
la personalidad como una enfermedad. El punto donde
una persona deja de ser adaptable y funcional y
cruza la línea al terreno de lo patológico.
Se habla de la personalidad como una enfermedad
cuando una persona percibe o interpreta a las demás
personas, al medio que lo rodea y a sí mismo
de una manera inapropiada. Cuando el rango de sus
emociones, intensidades y respuestas resultan caóticas
reflejándose en su funcionamiento interpersonal
así como en el control de sus impulsos. Uno
de los conceptos más difíciles de
transmitir seria el hecho que quien padece de estos
desajustes en sus características personales,
suelen ser ingenuos al hecho. Se podría decir
que se encuentran en armonía o sintonía
con su manera de ser y de responder, motivo por
el cual estas personas no cuentan con una consciencia
de su accionar y reaccionar. Sin embargo logran
generar un gran caos a su alrededor y en sus vidas.
Al trazar las fallas en la personalidad a las etapas
más tempranas del desarrollo, es fácil
comprender que como éstas personas han crecido
y respondido así desde siempre, solo les
parecen “normales” sus acciones, generándose
un velo que les impide ver lo destructivo y caótico
de su persona. Únicamente se logran expresar
en síntomas a veces físicos y otras
veces emocionales, síntomas poco específicos
que tienden a confundirse con otras enfermedades.
Dependiendo de la literatura que se consulte, se
habla que entre el 6.7% hasta un 33.1% de la población
en general padece algún tipo de trastorno
de la personalidad. Dichas cifras sólo son
el reflejo de la importancia que se le debe de brindar
a este tema, si no también deben de generar
consciencia con respecto al enorme trabajo que se
tiene que hacer a futuro tanto en el diagnóstico
como en el tratamiento de esta patología.
Los trastornos de la personalidad para su mayor
comprensión así como para su estudio
y características clínicas han sido
subdivididos en tres diferentes grupos y consecuentemente
subdivididos según su presentación.
El primer gran grupo está constituido por
aquellas personalidades excéntricas o raras,
donde se incluyen las personalidades paranoicas,
la esquizoide y la esquizotípica. Brevemente,
la personalidad paranoica, se cree que la presenta
cerca del 1.1% de la población en general.
Se caracteriza por un patrón persistente
de desconfianza, preocupación y dificultad
para confiar en los demás. Percibe falsamente
a los demás como “enemigos” o
como “ataques” sobre su persona, lo
que lo hacen a su vez una persona vengativa, rencorosa
y amenazadora.
Menos común, es el trastorno esquizoide de
la personalidad. Sólo presentado por el .6%
de la población aproximadamente, éstos
individuos se caracterizan por ser gente solitaria,
con pocos placeres o actividades, de emociones frías
y secas. Ante los demás se presentan como
indiferentes y retraídos, con enormes dificultades
para formar lazos sociales o laborales. Por último,
dentro de este primer grupo, se encuentra el trastorno
esquizotípico de la personalidad. Son personalidades
que se caracterizan por tener un pensamiento mágico
o fantástico acompañado por comportamiento
igual de excéntrico que sus ideas y creencias.
También presentan cierto pensamiento paranoico
y les resulta difícil la interacción
con los demás, resultando en un retraimiento
social importante.
El segundo gran grupo es aquel caracterizado por
el dramatismo. Dentro de este grupo, encontramos
inicialmente el trastorno histriónico de
la personalidad. Presentado por el 2% de la población,
se caracteriza esencialmente por una necesidad de
ser el centro de atención, resultando en
conductas inapropiadas e interacciones caóticas
con los demás. Muestran una extrema preocupación
por su físico, tienden a ser fácilmente
influenciados por los demás, llevándolos
a un auto dramatismo exagerado y una vida superficial
y carente de detalle. Por su parte, el trastorno
antisocial de la personalidad se relaciona a aquellas
personas que muestran una clara incapacidad para
apegarse a las normas sociales. Personas que con
facilidad mienten, engañan y explotan a los
que los rodean. Impulsivos, irritables y agresivos,
son peligrosos e imprudentes, incapaces de mantener
un empleo o una relación que no esté
caracterizada por los abusos o excesos. Es de los
trastornos más estudiados presentado por
cerca de un 3.5% de la población.
Sin lugar a dudas, el trastorno que más atención
ha recibido en los últimos anos, es el trastorno
limítrofe de la personalidad. No sólo
por sus características, si no que también
por su alta prevalecía dentro de la comunidad
y su gran fuerza destructiva en cuanto a las vidas
de quienes lo padecen y quienes los rodean. Se caracteriza
por un patrón inestable en sus relaciones
interpersonales alternando entre la idealización
y la devaluación extrema de las personas.
Demuestran esfuerzos frenéticos por evitar
el abandono, ya sea real o imaginario lo que a su
vez las conduce a conductas erráticas, impulsivas
y potencialmente peligrosas para la vida. Tienen
una fuerte tendencia a cometer actos suicidas o
parasuicidas, de auto mutilación o de amenazas
contra su vida. El sentimiento de vacío interno
suele ser constante y reflejado en una inestabilidad
afectiva y emocional remarcada por cambios repentinos
en su humor. Otro trastorno que se ha estudiado
a gran detalle en los últimos años
es el trastorno narcisista de la personalidad. Se
les denomina así a aquellas personas que
suelen tener un concepto de sí mismos algo
inflado, grandioso, tendiendo a exagerar sus logros
o centrándose mucho en su propia persona.
Se consideran brillantes, hermosos, especiales y
poderosos, motivo por el cual su necesidad de admiración
es mayor que el resto de las demás personas.
Sus dificultades para relacionarse van de la mano
con su incapacidad para sentir empatía, resultando
en demostración de envidia, arrogancia y
conductas poco adecuadas para su medio.
Él ultimo gran grupo, está integrado
por las personalidades caracterizadas por la ansiedad
y el miedo. Dentro de este tercer grupo, encontramos
personalidades como la obsesiva-compulsiva que afecta
hasta un 5% de la población. Constantemente
preocupados por detalles, reglas, listas y un orden
“perfecto” son presa fácil de
ansiedad, sentimientos de vacío así
como de conductas rígidas y por momentos
necios. En busca de la perfección, destinan
gran parte de su tiempo en actividades escrupulosas,
éticas, y morales entre otras tantas dejando
a un lado las amistades. Del mismo modo, se encuentran
descritas otras personalidades en este rubro las
cuales están menos estudiadas y por consiguiente
sus descripciones carecen de profundidad, más
no por eso, deben de ser relegadas. Se mencionan
personalidades como la dependiente o la pasiva-agresiva,
así como la depresiva y la evitativa. Muchas
de estas personalidades anteriormente mencionadas,
aún se encuentran en discusión con
respecto a su origen y su validez dentro de los
criterios que rigen ésta patología.
Bien vale la pena organizar estos conceptos con
respecto a nuestro entorno y quienes nos rodean,
ya que solo así se logrará obtener
una clara imagen de la importancia de los trastornos
de personalidad. Aunque ciertos trastornos son más
comunes en hombres - como es el caso del trastorno
obsesivo-compulsivo, el antisocial o el esquizotípico
- las mujeres presentan una mayor afectación
en lo general. Se habla de que un 52.4% de todos
los casos son presentados en el sexo femenino, predominantemente
aquellos del segundo grupo, como serían el
trastorno limítrofe, el histriónico
y otros como el dependiente y el pasivo-agresivo.
Señalar con certeza una edad de inicio resulta
complicado debido a que durante los años
de adolescencia, aún se moldea la personalidad.
Sin embargo, lo que es un hecho que es en este momento
cuando uno puede detectar señales tempranas
indicativas de casos futuros relacionados a la personalidad.
Se considera una edad de 18 años para diagnosticarlos
con mayor certeza, ya que a través de los
estudios más recientes, nos indican que no
será necesario cumplir con este criterio
para poder iniciar intervenciones preventivas. El
estado civil juega un papel importante dentro de
los trastornos de la personalidad. Se calcula que
el 55.9% de los casos registrados se presentaban
en gente casada, mientras que un 3.5% en personas
separadas y un 13.3 en divorciados. Solo un 23.8%
se registraron en pacientes solteros. Si tomamos
en cuenta la fuerza con la que este trastorno afecta
a quienes rodean a quienes lo padecen, es claro
que logran irrumpir y generar un mayor número
de áreas de conflicto como serían
no sólo el hogar, pero el trabajo y sus relaciones
interpersonales. Curiosamente, los estudios más
recientes han demostrado que un mayor nivel cultural
se relaciona con una mayor presentación de
patología en la personalidad. Por eso se
estima que cerca del 75% de los pacientes diagnosticados
con trastorno limítrofe habían concluido
estudios preparatorios. Desafortunadamente, no se
han logrado conducir ningunos estudios que demuestren
como los trastornos de personalidad irrumpen en
situaciones laborales o en relaciones íntimas.
Con respecto a los estudios psicosociales más
recientes, se han identificado tres áreas
de conflicto para el desarrollo de los trastornos
de personalidad. Un pobre funcionamiento en las
dinámicas familiares, se considera como el
factor de mayor peso dentro de la génesis
de los trastornos de personalidad. Fallas en el
espectro impulsivo, de afectos y de cognición
son el resultado cuando los padres presentan una
limitación o un empobrecimiento con respecto
a sus capacidades como padres frente a sus hijos.
Ciertas experiencias dentro de las familias disfuncionales
como lo son los divorcios, la separación,
poco interés por los hijos y una creciente
incidencia de violencia intra domiciliaria son ejemplos
claros que irrumpen en la armonía de la formación
de la personalidad. En la misma línea de
experiencias, los traumas vividos son otra de las
áreas de conflicto importante. Cuando los
niños reciben o son victimas de abusos tanto
físicos como verbales, se ha demostrado el
efecto patológico que tienen sobre la personalidad.
Por último, mencionan los factores sociales
como una pieza clave para el desarrollo de una personalidad
enferma. Esto comprende la mezcla de culturas, el
desmoronamiento de la sociedad y costumbres así
como los cambios sociales de manera acelerada. Desafortunadamente
muchos de los datos actuales provienen de estudios
empíricos, esto debido a lo complejo que
resulta estudiar integralmente todo lo relativo
a la personalidad.
En conclusión, los trastornos de personalidad
afectan de manera importante a un gran número
de personas que desafortunadamente se han mantenido
sin ser estudiados, y por consiguiente, sin haber
recibido atención. En los últimos
años, se ha prestado mayor atención
al tema, pero aún falta mucho por estudiar
y por descubrir. Sin embargo día a día
se abren más puertas y opciones para dar
respuestas y conocimientos al respecto del tema.
Se deben de redoblar los esfuerzos y alcanzar a
todo aquel que su vida se está viendo afectada
por un trastorno difícil de comprender y
aún más difícil, de tratar.
PERSPECTIVA ACTUAL EN BREVE:
• 6 - 10 millones de Americanos afectados
• 2% de la población en general afectados
• 10% de los pacientes psiquiátricos
externos
• 20% de los pacientes psiquiátricos
internados |
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